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martes, 27 de noviembre de 2012

De la emoción y el placer de compartirla.


Soy de fácil emocionar. Que le voy a hacer si tengo el gatillo fácil. Bueno para ser sincero, más que el gatillo, el radar. No puedo evitarlo. A veces (porque sí, sin saber muy bien el cuando) algo me emociona. De vez en cuando ocurre por un recuerdo de alguien que ya no está. Otras por algo que se me presenta de manera inesperada y que me paraliza y ya no puedo hacer nada más que mirar. De manera más excepcional cuando soy testigo de un momento de creación. Da igual que el artista tenga prestigio o no. No importa si tiene 99 o 7 años. 

Hace unos días me ocurrió mientras pintaba unas cajas de papel con una vecina de mis suegros que tiene justo esa edad, siete años. Estabamos inventándonos diseños robotizados para cajas-cabezas de cartón, como el robot de los LMFAO que baila el Bob-Sponge dance. La niña se disparó, literalmente, que es lo que ocurre cuando no puedes parar de inventarte cosas, y a mi el cuerpo se me estremeció de calambres de pura emoción. Viéndola pintar, ocupar el espacio blanco del papel (ese vacío tan grande para los que ya nos hemos hecho adultos y nos hemos dejado invadir por cientos de códigos sociales) con círculos y más círculos. Una suerte de Joan Miró con tirabuzones rubios y muchos menos años.Y fui enormemente feliz, como lo soy siempre que repito esa experiencia.

Los síntomas son siempre los mismos: Una retaila de chispazos en la columna vertebral, la piel de gallina y el vello erizado. Nunca se cuando me va a venir, ni que lo va a provocar, pero tengo la suerte de que me pasa a menudo y con las cosas más dispares. Me ha ocurrido viendo a un ebanista lijar unos cantos. A un shaper esculpir una tabla de surf, un amigo metiéndole Jack Daniel’s y cerveza a un (delicioso) guiso de pollo con patatas, un actor llorando una pena inventada en un peliculón de sobremesa, un mago sacándose monedas de la boca, un artista callejero dándole lustre a un trozo de acera en las ramblas de Barcelona, un bailarín haciendo top rocks en la plaza Marietsky de Cracovia. Y tras el calambre el parón inmediato por minutos, segundos o horas. La mejor sensación del mundo. Te dejas imbuir por algo que consideras hermoso, emocionante, curioso o fascinante. Algo tiene que te atrapa y te parece, durante el tiempo que tiene a bien durar, la cosa más importante del mundo, lo único que existe en ese momento. A veces la lágrima brota y vuelve exterior algo que es muy interior, una suerte de anuncio público y notorio de que aquello me emociona, me estremece, me parece mágico.

Y siempre, a veces durante a veces después, pienso cuanto me gustaría poder compartirlo con la gente. La sensación claro, el evento que lo ha originado normalmente ha sido público. Si tengo suerte y aquello que ha motivado esa fascinación está registrado tiendo a mostrarlo siempre que puedo, de manera continua y siempre que crea que a la otra persona le puede despertar las mismas sensaciones que a mi me despierta. Si no queda registro alguno de la acción me resigno con el no poder compartirlo, y me queda el recuerdo, la sensación, el regusto a dulce o salado en el paladar, o el eco cada vez más lejano en el tímpano.

Y de esa necesidad de compartir para hacer más llevadera la angustia de la emoción nace esta mi colaboración en este enjambre de moscas locas que nos hemos juntado. Espero poder traeros, casi a diario, algo que me emocione y poder compartirlo con todos vosotros. Me gustaría que, en cierta manera, nos sirviera para establecer un camino de ida y vuelta y que si veis o conoceis de algo que creais pueda aparecer en esta sección me lo hagais saber y gustoso lo compartiré con todo el mundo.

Y me estreno con Ryan Woodward haciendo bailar dos garabatos con una canción hermosa. Lo vi (como seguramente todos) hace mucho tiempo gracias a google, que le encargo un doodle…. Mi idea era explicar todo lo que pudiera de la animación, siguiendo una idea que ronda mi posicionamiento como artista y es que la obra de arte (no siempre pero sí a menudo) necesita texto (y que tengo intención de desarrollar en futuras entradas para este blog)… pero es cierto que a veces que la obra de arte puede hablar sola y no es necesario explicar demasiado…
No le doy más vueltas, os dejo con los bailarines de Woodward, bailad como ellos, viajad con ellos… 

En esta vida, como en todo, lo importante es disfrutar del viaje

Toni Nieto